En el Salmo 119 el salmista no oculta su lucha interior. Anhela con sinceridad obedecer a Dios, pero reconoce que dentro de sí conviven tres tentaciones que pueden desviarlo: el atractivo de las ganancias deshonestas, el encanto fugaz de la vanidad y el temor al oprobio de los hombres. Con una honestidad que atraviesa los siglos, este pasaje nos enseña que la victoria sobre estas inclinaciones no depende de nuestro esfuerzo, sino de la obra vivificadora de Dios.
En este mensaje, «Orando sinceramente por dirección (II)», basado en Salmo 119:36-40, contemplamos cómo la única salida a estas tres luchas internas no es el esfuerzo propio, sino la obra vivificadora de Dios.
En este mensaje veremos:
- La inclinación natural del corazón humano hacia las ganancias deshonestas y la petición del salmista para que Dios lo incline, en cambio, hacia Sus testimonios.
- El poder seductor de la vanidad, esas «cosas inútiles» que capturan la mirada aunque carezcan de todo valor duradero.
- El temor al oprobio y a la humillación pública que puede paralizar la obediencia, y cómo la Palabra confirmada produce reverencia que destierra ese temor.
- La petición final del salmista: no ser vivificado por su propia justicia, sino por la justicia de Dios, el corazón mismo del evangelio.
Predicador: Pastor Pepe Mendoza
Iglesia: Iglesia Bautista Internacional
Texto: Salmo 119:36-40
Serie: El Señor espera una meditación sincera (Salmo 119)
Fecha: 9 de agosto, 2026
Orando sinceramente por dirección (2da parte)
Pepe Mendoza